Paulo Freire. Revista de Pedagog�a Cr�tica

A�o 15, N� 17 Enero � Junio 2017

ISSN 0717 9065����� ISSN ON LINE 0719 � 8019

pp. 245 - 261

 

 

 

 

Educaci�n de ni�as y ni�os de 0 a 6 a�os: su configuraci�n desde los imaginarios sociales de los educadores.

 

Education of children from 0 to 6 years: from setting up your imaginary social educators.

 

Karina Villarroel Ambiado*

 

Resumen

El art�culo se enmarca en el planteamiento del problema del proyecto de investigaci�n Lenguajes de ni�as y ni�os: imaginarios sociales de un grupo de adultos educadores que ejercen en Educaci�n Parvularia. El objetivo que persigue es la indagaci�n bibliogr�fica y problematizaci�n en torno a la configuraci�n de experiencias educativas de ni�os y ni�as de 0 a 6 a�os que asisten al primer nivel educacional chileno, develando el imaginario de los adultos educadores. Metodol�gicamente, se aborda desde la indagaci�n de antecedentes contextuales, experienciales, te�ricos e investigativos, a partir de los cuales surgen reflexiones y argumentos referidos a las construcciones imaginarias de los educadores de p�rvulos respecto de del ser ni�a y ni�o, significaciones que develan una imagen adultoc�ntrica de la ni�ez y que son determinante en las experiencias educativas que se dise�an. A modo de resultados, o m�s bien, de aprendizajes construidos, la revisi�n establece una relaci�n entre el imaginario instituido y el poder disciplinar, intentando vislumbrar que existen conocimientos que dominan y moldean las subjetividades de los sujetos educadores, las que se traducen en esquemas que orientan las percepciones, interpretaciones y acciones, determinando el quehacer pedag�gico y las posibilidades de aprendizaje que se ofrecen a los ni�os.

 

Palabras clave: imagen de ni�o, imaginarios sociales, poder disciplinario.

 


 

*  Universidad Andr�s Bello, Sede Concepci�n; e-mail: karina.villarroel@unab.cl

Fecha de Recepci�n: 7 noviembre 2016

Fecha de Aceptaci�n: 25 abril 2017

 


Abstract

This article is about approach of the problem of the research project Languages of girls and boys: social imaginaries of a group of adult educators who practice in nursery school. The objective is to investigate the bibliography and problematization around the configuration of educational experiences of children from 0 to 6 years attending the first level of Chilean education, demonstrating e imaginary of adult educators. Methodologically, it is approached from the investigation of contextual, experiential, theoretical and investigative antecedents, from which born reflections and arguments referring to the imaginary constructions of the educators of children with respect to being child and child, meanings that unveil an adult-centric image Of childhood and that are determinant in the educative experiences that are designed. As a result, or rather, of constructed learning, the revision establishes a relation between the instituted imaginary and the disciplinary power, trying to glimpse that there is knowledge that dominates and shapes the subjectivities of the educator subjects, which translate into schemes that Orient the perceptions, interpretations and actions, determining the pedagogical task and the possibilities of learning that are offered to the children.

 

Keywords: image of child, social imaginary, disciplinary power.

 

1.      INTRODUCCI�N

La Educaci�n Parvularia, como primer nivel educativo persigue como fin:

 

Favorecer una educaci�n de calidad, oportuna y pertinente, que propicie aprendizajes relevantes y significativos en funci�n del bienestar, el desarrollo plenoy la trascendencia de la ni�a y del ni�o como personas. Ello, en estrecha relaci�n y complementaci�n con la labor educativa de la familia, propiciando a la vez su continuidad en el sistema educativo y su contribuci�n a la sociedad, en un marco de valores nacionalmente compartidos y considerando los Derechos del Ni�o (Ministerio de Educaci�n [MINEDUC], 2001, p. 22).

 

 

Una educaci�n que responda a estas cualidades es responsabilidad de los adultos educadores, quienes han de configurar espacios y experiencias educativas, pero �a partir de qu� se configuran?, �desde qu� visi�n de ni�a y ni�o se aproximan a la educaci�n?, �a partir de qu� interpretan las expresiones de los p�rvulos?, �qu� los lleva a tomar unas u otras decisiones pedag�gicas?

Atendiendo a lo anterior, es que se propone una indagaci�n bibliogr�fica que permita abordar estos cuestionamientos y derivar en una problematizaci�n en torno al dise�o, implementaci�n y evaluaci�n de experiencias educativas de ni�as y ni�os de 0 a 6 a�os que asisten al primer nivel educacional en nuestro pa�s.

Resulta fundamental adentrarse en aquello que nos moviliza en la pr�ctica pedag�gica, Trueba (2015) se refiere a los paradigmas que fundan nuestra pr�ctica, afirma que operamos desde una diversidad de corrientes, incluso contradictorias que se traducen en pautas que nos orientan, �as� estos patrones de comportamiento suelen estar enraizados con fuerza en nuestro interior y, al estar relacionados con nuestro modo global de ver el mundo, se suelen aceptar sin ser puestos a prueba para su an�lisis� (p.32).

Ni�as y ni�os son personas que viven y aprenden en una realidad compleja que les resulta absolutamente natural. Cada uno experiencia el mundo desde la expresi�n que le resulta de mayor sentido y significancia, as� algunos lo hacen desde el movimiento, el juego, la sensorialidad, las relaciones con otros pares, educadores, familiares y tambi�n con espacios, objetos, etc. Ellos est�n en continuo aprendizaje y dialogo, aun cuando no lo evidencien �oralmente�, pues la diversidad en sus expresiones es una caracter�stica esencial.

Lo anterior confirma la idea propuesta por Cabanellas, Eslava, Eslava y Polonio

 

�No se puede pretender conocer objetivamente ni la infancia, ni el mundo. El mundo no lo tomamos en nuestras manos como quien recoge algo que est� frente a uno, quieto, inerme, sin actuar, sin reciprocidad [�] una percepci�n del mundo de lo que a primera vista nos llega como algo ordenado, formado por conceptos cuyos l�mites r�gidos impiden asumir las zonas de indeterminaci�n� (2007, p. 31).

 

 

As�, el art�culo se organiza desde la reflexi�n a partir de experiencias personales, la revisi�n de teor�as propuestas de distintos autores en torno a la construcci�n imaginaria de la ni�ez (ni�ez en sentido singular, pues se ha configurado una imagen de ni�o, de infancia, olvidando la diversidad) y la revisi�n desde la teor�a de los imaginarios sociales, para intentar responder al c�mo los adultos construyen esas significaciones y, por ende, como estas resultan productivas de experiencias de aprendizaje.

 


2.      �0 A 6 A�OS, UNA ETAPA O SUJETOS DE APRENDIZAJE?

Ni�os y ni�as se caracterizan por la relaci�n, exploraci�n, expresi�n, experimentaci�n, movimiento, asombro, entre otros lenguajes que dan vida a su singularidad. Son lenguajes que est�n ah�, prestos a brotar en un acto de aprendizaje en y con el mundo.

Durante a�os se ha definido a los ni�os seg�n su tramo de edad, caracteriz�ndolos desde la progresi�n e hitos del desarrollo, situaci�n que ha determinado la acci�n pedag�gica, en tanto se fijan inicios y t�rminos de los procesos (se determina piso y techo al aprendizaje). A diferencia de esta pr�ctica objetivada, aparece una caracterizaci�n abierta y respetuosa de la potencialidad y singularidad, �El ser humano propende a aprender. Esto se visibiliza con claridad en los infantes que no pueden evitar hacerlo, del mismo modo que no pueden dejar de respirar... Todo el tiempo est�n buscando desaf�os que los lleven m�s all� de sus capacidades, sean estas ling��sticas, expresivas, corporales, etc.� (Calvo, L�pez de Maturana, Moreno, 2013, p. 206).

Rinaldi (2011), se�ala que en la experiencia educativa de ni�as y ni�os se configura una red de comunicaciones, caracterizada por ser un sistema ecol�gico complejo, rico en v�nculos y recursos. Afirma que el sujeto del proceso educativo no es el ni�o, sino que el ni�o en relaci�n e invita al abandono de la asfixia de la programaci�n r�gida. En este sentido cabe recoger el llamado a comprender a los ni�os como seres relacionales, que se vinculan con otros sujetos, espacios, objetos, portadores y constructores cultura; y a desapegarse de las secuencias lineales del aprendizaje y desarrollo, planeaciones y dise�os did�cticos que surgen desde la mirada del adulto, incluso propuestas antes de conocer a los ni�os y muchas veces en respuesta a la tradici�n de la planificaci�n en educaci�n parvularia, centr�ndose en temas, unidades, efem�rides que no constituyen sentido alguno para la ni�ez.


La educaci�n de ni�as y ni�os se encuentra en tensi�n porque son los adultos quienes, desde una educaci�n bancaria (Freire, 2003), deciden qu� y c�mo ense�ar, lo que ineludiblemente determina las posibilidades de los ni�os respecto de c�mo aprender.

Al igual que otras construcciones sociales, la concepci�n que se tiene sobre los beb�s son construidas colectivamente acorde a las tendencias hist�rico-culturales de cada �poca, a lo que se agrega en este caso, la escasa participaci�n y opini�n de los propios actores, ya que somos los adultos quienes determinamos lo que es un lactante, y por tanto, qu� debe hacer, cu�ndo y c�mo (Peralta, 2004. p. 57).

La imagen de ni�o est� estrechamente relacionada con las experiencias previas, las situaciones sociales, culturales, hist�ricas que se vivencian, por tanto, se construyen continuamente, se va transformando en la medida que nos relacionamos e interpretamos el mundo. As�, la imagen es construida colectivamente, estableciendo

Un conjunto de impl�citos o de saberes cotidianos resistentes al cambio (sean verdaderos o falsos desde cualquier disciplina cient�fica), y tienen cuerpo de realidad psicosocial, ya que no existen s�lo en las mentes, sino que generan procesos (interrelaciones, interacciones o interinfluencias sociales) que se imponen a la infancia y condicionan a ni�os y ni�as, limitando la posibilidad de experiencias o perspectivas de an�lisis, fuera de esta l�gica (Casas, 2006, p.88).

Dahlberg, Moss y Pence (2005) afirman que la imagen de ni�o es una elecci�n con significaci�n y productiva, es decir, las experiencias que se ofrecen a los ni�os, la acci�n pedag�gica, el curr�culo, los espacios, experiencias, etc. responden a las significaciones imaginarias que se han construido, develando la imagen de infancia de los educadores.

 

3.      ANTECEDENTES INVESTIGATIVOS: IM�GENES DE NI�EZ QUE PREDOMINAN EN LOS �LTIMOS A�OS

 

Dahlberg et al. (2005), investig� las construcciones que reflejan c�mo son entendidos los ni�os y c�mo estas conceptualizaciones se producen en el seno de discursos dominantes que se localizan dentro del proyecto de la modernidad y que nosotros, en nuestra calidad de padres, profesionales, investigadores o pol�ticos, hemos incorporado y representado� (p.76), conceptos que se han naturalizado, objetivado influyendo en las relaciones con los ni�os, en las posibilidades que se les ofrecen, etc. Dentro de las construcciones limitantes y empobrecidas que establecieron se encuentran el ni�o y ni�a como factor de la oferta de mercado, como ser inocente, como estado biol�gico, y como reproductor de conocimiento y cultura.

Diversos estudios dan cuenta de im�genes y representaciones tradicionalistas, pasivas, adultoc�ntricas, invisibilizadas y empobrecidas que se han construido al interior de las instituciones sociales en torno a la ni�ez (Ferr�n, 2006, 2010; Bonilla y Ospina, 2006; Glockner, 2007; Di Iorio y Seidmann, 2007;Grau,2011;VegayMoro2013;LisboayMonta�ez,2013;Civarolo y Fuentes, 2013; Saccone y Seidmann, 2015).

Juretić, Dussaillant, Saieg, Martin, Estrada, Fuenzalida y Castro (2015) en un diagn�stico sobre el sistema de protecci�n a la infancia en Chile develan una visi�n tutelar de los ni�os, ausencia del reconocimiento de sus derechos y de una mirada sist�mica del desarrollo. Larra�n afirma que en chile �prevalecen actitudes paternalistas y autoritarias, especialmente hacia los ni�os m�s pobres que se expresan en violencia, p�rdida de libertad o institucionalizaci�n como primera medida� (2011, p. 95).

Ancheta (2008) plantea que los ni�os no son por naturaleza, sino una construcci�n hist�rica; en esta misma l�nea Romero (2015) destaca que la infancia no es una categor�a natural, sino sociopol�tica que depende de las representaciones sociales; Rubiano (2010) se refiere a la infancia negada; Pizzo (2012) cuestiona la concepci�n tradicional de la infancia como sujetos en desarrollo y promueve el abandono de la asimetr�a en las relaciones entre adultos y ni�as/os; Pavez (2012) analiza la sociolog�a de la infancia, aportando miradas sobre la infancia como construcci�n social y develando el rol de ni�as y ni�os en tanto sujetos de derechos y actores sociales con capacidad de agencia y participaci�n, plantea la necesidad de repensar la infancia vi�ndola como un fen�meno social y el estudio de las relaciones de poder entre ni�os, adultos e instituciones; Vergara, Pe�a, Ch�vez (2015) dejan ver que ni�as y ni�os son sujetos complejos, por tanto, posibles de ser comprendidos desde otras perspectivas m�s amplias que la psicoevolutiva. Gasc�n y Godoy (2014), develan pr�cticas de control y minorizaci�n que los adultos tienen respecto de ni�as y ni�os; por otra parte, pero en la misma l�gica de una imagen empobrecida, Tokman (2010) muestra las tensiones y limitaciones educativas vinculadas al centralismo del adulto como protagonista del proceso educativo.

Otros estudios abordan el desarrollo hist�rico y epistemol�gico de la infancia, evidenciando la evoluci�n del constructo social de la ni�ez desde los �sin voz�, hasta concebirlos como sujeto de derechos (Rojas, 2001; Alzate, 2002; P�rez, 2004; D�az, 2010; Guti�rrez y Acosta, 2013; G�mez, Alzate, 2013), imagen que se declara en las nuevas pol�ticas de infancia.

Respecto de investigaciones referidas a imaginarios sociales sobre infancia, Herrera y Aravena (2015) desarrollaron una investigaci�n cualitativa que aborda la construcci�n de infancia en las pol�ticas sociales en Chile entre los a�os 2002 a 2012, siendo uno de los hallazgos el predominio de un imaginario social de ni�o o ni�a como objeto de protecci�n; por otra parte Alvarado y Casta�o (2014) desarrollan una investigaci�n que apunta a describir los imaginarios construidos sobre la situaci�n de la ni�ez desde la perspectiva de derecho, develando que la protecci�n y el cuidado se encuentra subordinada al poder del adulto y a un reconocimiento s�lo a nivel declarativo de la ni�ez como sujetos de derechos. Por otra parte, Duarte (2012) estudia las relaciones entre clases de edad, identificando una sociedad adultoc�ntrica producto de la econom�a, pol�tica y el plano simb�lico que promueve la reproducci�n de este modelo, construyendo imaginarios que afectan las relaciones y los procesos identitarios de diversos sujetos sociales; Mart�nez y Mu�oz (2014), abordan la construcci�n de imaginarios de infancia y la formaci�n de educadoras de p�rvulos, dando cuenta de la racionalidad t�cnica universitaria que no reflexiona en torno a la infancia y su significado en la formaci�n de educadores. Los antecedentes investigativos planteados anteriormente pareciesen confirmar que permanece instalado el significado que emana del origen lat�n de la palabra infancia, infans, sin voz. La imagen construida en torno a la ni�ez es una imagen pasiva, silenciada, invisible, a diferencia de la imagen del adulto, del educador, el agente con voz. El educador es quien educa, sabe, piensa, habla, disciplina, act�a, escoge contenidos, es decir, el adulto se constituye en el principalagentedelproceso por sobre ni�os y ni�as, que resultan ser los oprimidos (Freire, 2003).

 

4.      IMAGINARIOS SOCIALES: UNA POSIBILIDAD DE COMPRENSI�N DEL ACTO EDUCATIVO DE NI�AS Y NI�OS DE 0 A 6 A�OS.

Una teor�a que permite comprender la realidad social, los procesos, las relaciones y las significaciones que han incorporado los sujetos es la teor�a de los Imaginarios Sociales, �sta afirma que la sociedad es definida a partir de significaciones imaginarias e instituciones sociales que se materializan, construyendo imaginarios instituidos que tienen un continuo en el tiempo yque regulan el pensar y actuar de las personas a la vez que van reproduci�ndose. Los imaginarios corresponden a construcciones sociales que cobijan un sistema de creencias, actitudes, valores, ideas, entre otros, las que no siempre son conscientes (Castoriadis, 1987). De este modo los imaginarios sociales se presentan en un momento social e hist�rico como actos reales, individuales o colectivos (Castoriadis, 1993).

Moreno y Rovira, se refieren a los imaginarios sociales bas�ndose en las ideas de Castoriadis como

Una construcci�n hist�rica que abarca el conjunto de instituciones, normas y s�mbolos que comparte un determinado grupo social y, que pese a su car�cter imaginado, opera en la realidad ofreciendo tanto oportunidades como restricciones para el accionar de los sujetos. De tal manera, un imaginario no es una ficci�n ni una


falsedad, sino que se trata de una realidad que tiene consecuencias pr�cticas para la vida cotidiana de las personas (2009, p. 8-9).

Los educadores se relacionan con ni�as y ni�os, viven la pedagog�a desde la construcci�n imaginaria, �sta es la que determina las posibilidades. Existe una construcci�n imaginaria temporal e hist�rica, respecto de las ni�as y ni�os, del educar, del aprender, de los espacios, los tiempos, el curr�culo, etc., construcci�n que se manifiesta en la acci�n. Esto permite la comprensi�n de algunos patrones en educaci�n de ni�as y ni�os, ritos, creencias que se han materializado en el tiempo y en las instituciones de educaci�n infantil.

Pintos (1995, p. 45) afirma que se �manifiestan como representaciones colectivas que rigen los sistemas de identificaci�n y de integraci�n social y que hacen visible la invisibilidad social�. Los define como esquemas que orientan el entendimiento de lo que hacemos, lo que nos rodea y del por qu� lo hacemos. Esquemas construidos socialmente a partir de lo que se cree y acepta que sea la realidad. �Los imaginarios sociales est�n siendo esquemas constituidos socialmente que orientan nuestra percepci�n, permiten nuestra explicaci�n, hacen posible nuestra intervenci�n en lo que en diferentes sistemas sociales sea tenido como realidad� (2014, p. 7).

Por su parte, Cegarra se�ala que los imaginarios sociales son una matriz de sentido determinado que hegem�nicamente se impone como lectura de la vida social. El sujeto simplemente "lo padece" por encima de sus propias experiencias vitales (�) son esquemas interpretativos para el sentido social hegem�nicamente impuestos haciendo plausible la vida cotidiana� (2012, p 4 - 5).

Los imaginarios sociales posibilitan la comprensi�n de s�mbolos, constructos, normas, etc. instaladas, materializadas y compartidos por un determinado grupo social y que, pese a su car�cter imaginado, opera en la realidad ofreciendo tanto oportunidades como restricciones para el accionar de los sujetos.


As�, la pr�ctica pedag�gica es construida socialmente por el educador, se configura a partir de representaciones e imaginarios aceptados y naturalizados que otorgan sentido al quehacer. Entrar en el mundo de los imaginarios sociales de los educadores de p�rvulos, es adentrase en los esquemas socialmente construidos desde los cuales se escucha, interpreta y responde a ni�as y ni�os, pudiendo desembocar esta experiencia en situaciones potenciadoras y respetuosas, o estructuralistas y restrictivas de las libertades expresivas de la ni�ez.

5.      EL IMAGINARIO INSTITUIDO, EL PODER DISCIPLINARIO Y EL DISCURSO EN LA EDUCACI�N DE NI�AS Y NI�OS.

Agudelo (2011), siguiendo a Castoriadis, distingue el imaginario instituido como el imaginario efectivo, las significaciones establecidas, lo inserto en la historia y que act�a en las acciones de los sujetos, lo que regula lo permitido y lo prohibido, es la tradici�n, costumbre, memoria, creencia, etc. que cohesiona a un grupo social.

En un centro educativo, los educadores comparten imaginarios construidos a partir de ideas y conocimientos sobre los que fundan su experiencia. Estos conocimientos provienen de disciplinas y discursos dominantes que instrumentalizan, en este caso, la educaci�n.

Foucault plantea la idea del poder disciplinario, afirmando que �la disciplina "fabrica" individuos; es la t�cnica espec�fica de un poder que se da los individuos a la vez como objetos y como instrumentos de su ejercicio� (2002, p. 158). Es decir, la disciplina orienta, presenta un fin, una forma de actuar, determinan lo que es normal, lo correcto, entrega un est�ndar, condiciona a tal punto de que los sujetos act�an mec�nicamente, sin ser conscientes de los actos, sin cuestionarse, puesto que las ideas que emanan desde la disciplina operan como verdad absoluta.

Enrelaci�naldiscursoFoucaultafirmaba�yosupongoque�� en toda sociedadla producci�n deldiscursoest� a lavez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto n�mero de procedimientos que tienen por funci�n conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad� (1992, p. 12).

Esta idea resulta iluminadora en tanto permite comprender que los imaginario instituidos, probablemente, se enra�zan en disciplinas complementarias a la pedagog�a, que han determinado la imagen de ni�ay ni�o que los educadores han construido, por ejemplo, la psicolog�a evolutiva, el curr�culo desde un enfoque t�cnico, la did�ctica desde una perspectivacient�fico tecnol�gica, entre otras. Disciplinas que desde sus discursos se han instalado como objetivas, homogeneizando y estandarizando los procesos educativos, de esta forma los educadores han configurado espacios, ambientes, relaciones, situaciones de aprendizaje, en torno a estos saberes que dominan y moldean sus subjetividades.

Los discursos transmiten y producen poder y, por ello, son un importante instrumento del mismo. La importancia del discurso proviene del decisivo papel del lenguaje en el proceso de construcci�n del mundo y no del hecho de ser un simple medio de representaci�n o de copia de la realidad. El lenguaje que utilizamos modela y dirige nuestra forma de mirar y de comprender el mundo, y nuestro modo de poner nombres a los diversos objetos y fen�menos se convierte en una forma de convenci�n (Dahlberg et al., p 57).

Los discursos dominantes act�an a trav�s saberes, teor�as que nos permiten analizar, interpretar y actuar en la realidad. As� en educaci�n parvularia es posible ver como aprehendemos ciertas ideas que delimitan nuestra acci�n, por ejemplo, ofrecer situaciones de aprendizaje acorde a la progresi�n lineal del desarrollo infantil , sin considerar el papel del ambiente; o la racionalizaci�n de las situaciones de aprendizaje delimitando tiempos y momentos de acci�n desde el adulto, determinando: inicios, desarrollos y cierres que no responden a la singularidad de cada sujeto quecoconstruye su aprendizaje; la b�squeda incesante de responder a un referente curricular, de seguir una cobertura, desarrollar una programaci�n con miras a productos asociados a la evaluaci�n.

 


6.      APROXIMACI�N A RESULTADOS

A modo de resultados, la revisi�n de antecedentes investigativos, contextuales y bibliogr�ficos permite responder las interrogantes, ampliar la reflexi�n y problematizar la realidad.

Respecto de la visi�n de ni�a y ni�o, la indagaci�n desarrollada da cuenta de im�genes adultoc�ntricas, develando una ni�ez pasiva y carente de derechos, aun cuando los avances de la pol�tica p�blica declaran lo contrario.

En cuanto a la toma de decisiones en la configuraci�n de espacios, dise�o de experiencias educativas e interpretaci�n de las expresiones de ni�as y ni�os, la teor�a de los imaginarios sociales permite una aproximaci�n a la comprensi�n e interpretaci�n del quehacer de los educadores, revelando que las acciones pedag�gicas responden a las significaciones de ni�a y ni�o que se encuentran arraigadas en los sujetos e instituciones, siendo, finalmente, las que justifican el c�mo operan los educadores, afirmando que los imaginarios son productivos, en este sentido, de las situaciones educativas.

 

7.      CONCLUSIONES: APRENDIZAJES CONSTRUIDOS

Pensar, sentir y representar la ni�ez es resultado de las significaciones que institucionalmente se han transmitido a los sujetos, desde el contexto hist�rico cultural y a trav�s del discurso, del poder disciplinar que se ha instalado a la base del curr�culo, de los proyectos educativos, de los centros formadores y otros espacios sociales, naturalizando esquemas t�cnicos y reproductores al educar.

Estas ideas invitan a la apertura de nuevos cuestionamientos, �qu� teor�as, paradigmas imperan en las instituciones y educadores?, �por qu�?, �cu�l es la distancia entre lo declarado y la pr�ctica?, �apostamos por una infancia o por ni�os y las ni�as?, �cu�les son los imaginarios sociales construidos por los adultos educadores?, �es posible que la educaci�n infantil se separe predeterminismos y determinaciones?


Sin duda, esto es lo interesante de la educaci�n, la posibilidad de romper con la homogeneizaci�n y la reproducci�n.

 

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